La envidiosa
- 14 feb
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La envidia de un amigo es peor que el odio de un enemigo. Anónimo
Durante semanas me resistí a ver a "Envidiosa", serie argentina que está en Netflix, su título me daba curiosidad pero no al punto de ver de qué se trataba. En estas fechas las lluvias atacaron muchas ciudades de california, inundaciones, mucho frío y no queda más que tomar algo caliente y ver televisión.
Resulta que la "Envidiosa", me ha dado muchas sorpresas, primero porque es una tragicomedia muy balanceada, Vicky es una mujer "quilombo", es decir una mujer que siempre crea caos, su vida se mantiene con la adrenalina a tope porque ella siempre la corroe la envidia, segundo porque toca un tema muy humano, la envidia, los traumas, las fidelidades parentales, la crisis de la mujer en edad media sin caricaturizar, ni exagerar, hay un planteamiento psicológico y hay crítica a los clisé establecidos por la sociedad sobre el desempeño de los roles de hombres y mujeres.
Mientras transcurren los capítulos, nos enteramos del círculo de amigas de Vicky, todas casi cuarentonas, con diferentes profesiones y personalidades. Vicky siente envidia porque ella tiene una obsesión patológica por casarse y tener familia con los estándares que la sociedad reconoce como exitosa: un hombre con carrera, con un trabajo estable y si es socio de una compañía mejor, que sea clase media o alta para asegurar un "futuro" prometedor. Aunque Vicky tiene muchas cualidades, es una mujer independiente, sin embargo coloca su valor en el exterior que no necesariamente es lo que sus amigas, familias y terapeutas piensan de ella.

La protagonista va a terapia para encontrar respuestas y en uno de los episodios se enfrenta a la verdad que se veía venir: Ella carga la herida del abandono. Aquí es donde quería llegar con el tema de la serie, a veces tildamos a las personas de "envidiosas", "mal agradecidas", "insensibles" y no conocemos en el fondo qué cargan en su mochila emocional.
Me detuve a reflexionar cuántas veces he sentido envidia? cómo actuaba cuando me advertía a mí misma sentir ese cosquilleo que no te permite alegrarse por los logros de otro, qué juzgas de forma inapropiada el esfuerzo de los demás. La envidia simplemente es el reflejo de carencias de la infancia, de una autoestima frágil y muy vulnerable porque hay una comparación constante con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, de oficio. También es el resultado de valores impuestos por sociedades con salud mental y existenciales afectadas por la violencia en sus múltiples manifestaciones.

La serie está en clave de humor, sin que se pierda la seriedad del asunto. La crisis de las mujeres de mediana edad, los enredos que puede causar el no atenderse de forma profesional con un terapeuta, esas manifestaciones que como polillas nos van afectando las relaciones interpersonales. Claro que la protagonista las tiene todas: celopatía, inseguridad, control, ansiedad, decisiones impulsivas y erráticas. Vicky está consciente de todo esto y entra en una espiral donde la embarra toda con las amigas, familia y parejas.
Cada capítulo te lleva a repasar tus propias experiencias principalmente las laborales donde algunas palabras, halagos, falsos reconocimientos no son más que una envidia brutal disfrazada de un compañerismo corrosivo letal, cuántas veces no caí en el despeñadero a causa de alguien envidioso que pensaba que mi puesto laboral le pertenecía y haría cualquier cosa para estar en mi puesto.
Les comenté que en algunos momentos de mi vida sentí envidia por los logros de otros porque al igual que la protagonista, tendemos medirnos con la vara de otros, con las cualidades de otros sin valorar lo que nosotros tenemos para ofrecer. Cuando este sentimiento me acosaba, lo que hacía era reflexionar de esta forma: Qué hizo esta persona para alcanzar esto? cuáles fueron sus pasos? sin más ponía en marcha un trabajo en mí misma para estudiar, para preparar el camino que debía cruzar, saltando cada obstáculo y quitando las piedras del camino. Así que el sentimiento de envidia lo canalicé para empujarme a mis metas, eso sí me volví blanco de la envidia de otros aunque ofreciera mi apoyo, mis conocimientos para que también lograran lo suyo pero no siempre fue tomado a bien. La sociedad también nos empuja a entablar una sana "competencia" entre las mujeres, quién es más bonita, más exitosa, más delgada, más extrovertida y una larga lista donde jamás podrás estar a la par de otras. Aún en organizaciones donde las mujeres han tomado conciencia de su rol, siempre hay una que otra que establece esas líneas competitivas. No me refiero solo a organizaciones feministas, pueden ser religiosas, de trabajo, vecinales.
Así que todas en algún momento hemos estado en el lugar de Vicky, la envidiosa. El miedo es el epicentro de todas las inseguridades y nubla ver nuestros logros, fortalezas.
Es común que en nuestra latinoamerica, tan golpeada por gobernantes y dictaduras, las sociedades tienden a ser envidiosas. Cuando alguien progresa, estudia, construye un patrimonio se inventan "historias" a partir de la dentera que ocasiona que los demás avancen y otros no. Así que el "estar enchufado" "hacer negocios ilícitos" "vender el cuerpo" "ser la querida" o el "mantenido" para lograr ascensos son entre otras frases muy comunes y muchas veces estos vicios son reales en sociedades donde los valores se trastocan, la envidia es el motor de movimientos que denigra al ciudadano cuando los logros no son una migaja partidaria o una transacción corrupta.
La historia de Vicky es en resumen lo que pasa a millones de latinos que no atienden sus carencias, sus desaciertos como una oportunidad de crecimiento. Hasta que esta mujer que era inteligente, disciplinada, toma las riendas de su vida, presenta su exámen de arquitectura, reconocer sus propias cualidades y eso la llevó a valorar a su hermana, amigas y a un hombre que escuchaba sus quilombos y la ayudaba. Su inseguridad se apaciguó en la medida que ella creía en sus fortalezas.

La envidia, es como la polilla que se carcome un mueble, es un sentimiento que convierte en polvo cualquier relación o sociedad porque aunque nos corroe somos incapaces de reconocer que nuestros cimientos están plagados por esos egos frágiles, por narcisismos que son alimentados ninguneando a los demás, restándole valor a las personas y proyectando nuestros miedos en juicios de valor.
En mi caso personal, no es que la envidia desapareciera sino que esta mala consejera aprendió que no tengo el humor fino de Renato, Ulises o Berman, tampoco la disciplina y tenacidad de Alejandra, el coraje de Elena frente a una enfermedad, la contemplación de la vida de Misael, la espiritualidad y fe de Paola y Guerold, la capacidad de lectura de Victor, la sazón y corazón de Alba y de mi hermana Tanya, el cariño incondicional de Carolina por los animales, el espíritu adolescente de mis amigos del Loyola, mi envidia por sus talentos los transformé en gratitud de gozar de su amistad y compañía de reconocerme en sus logros, en sus pasos porque cuando hemos caminado juntos los miedos e inseguridades se desvanecen y sólo nos queda el placer que solo la amistad brinda, quererse a pesar de, a pesar que digan qué y a pesar de los años.
Salud por ellos!




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